Un manuscrito con las recetas de Leticia Cossettini

Dos investigadoras de la UNR accedieron a un cuaderno personal de la reconocida maestra que contiene recetas de cocina, enseñanzas y reflexiones. Hicieron un trabajo de recuperación y análisis y publicaron el libro El manuscrito culinario de Leticia Cossettini.

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Cuando murieron las hermanas Cossettini, su sobrina Chela le entregó algunos objetos de ellas a Carlos Saltzman ex alumno de la escuela Carrasco y amigo  hasta el final de sus vidas. Entre los mismos había un cuaderno de recetas que escribió Leticia a los 80 años.

Las profesoras Paula Caldo y Micaela Pellegrini Malpiedi accedieron a ese texto construido al calor de la práctica, es decir sin una escritura ordenada o prolija, lo transcribieron y luego pudieron analizarlo. Se trata de un cuaderno Rivadavia con recetas que dan cuenta de los descubrimientos y dificultades de la maestra a medida que iba aprendiendo a cocinar, en los últimos años de su vida. “Ella ingresa al mundo culinario de grande, recién cuando fallece su hermana mayor Marta, que era la encargada de preparar la comida de la familia y una guardiana de la cocina”, comenta Caldo

Esta especie de recetario no sólo evidencia lo que comía sino también qué leía y qué consumía. Hay consejos acerca de cómo ahorrar tiempo, de las virtudes de las fuentes Pirex y anotaciones en torno a si las preparaciones salían mejor con o sin batidora eléctrica, un elemento de la tecnificación del hogar muy propio de los años 70 y 80. Algunas recetas están sin título, otras con nombres propios de vecinas o amigas que seguramente le habían pasado la fórmula y también hay fragmentos de diarios y revistas como “Burda” o la del diario La Nación.

La decisión de publicarlo responde a dos motivos: por un lado, ilustrar el compromiso, la dedicación y el entusiasmo que esta pedagoga desplegó en cada una de sus actividades. Por otro, comprobar que cocinar es un arte de hacer que involucra saberes, tiempos de aprendizajes, de apropiación y productos finales que asignan especial valor a quien cocina. El libro muestra a la Leticia de siempre, inteligente, creativa y entusiasta junto a una un poco más oculta, la cocinera de manjares para las tardes de té y almuerzos de vegetales.

Trabajo de campo

Las hermanas Cossettini, Olga (1898- 1987) y Leticia (1904-2004) fueron maestras y pedagogas argentinas, hijas de inmigrantes italianos. Se destacaron por haber llevado a cabo un proyecto educativo innovador llamado “escuela serena” que transformó la escuela tradicional y se basó en fomentar la independencia, creatividad y libertad de los niños en el aula. La escuela serena se desarrolló en Rosario desde 1935 a 1950 y estaba adherida el movimiento escolanovista. La influencia de su modo de educar trascendió épocas y fronteras: hoy en día siguen apareciendo relatos que hablan de la tan importante labor que las hermanas Cossettini realizaron.

Las investigadoras de la UNR hicieron un trabajo de campo previo para saber cómo era la vida doméstica de las maestras luego de haber sido cesanteadas de la escuela Carrasco por cuestiones políticas e ideológicas. Las dos vivían en una casa ubicada en Chiclana 345, Alberdi, junto a sus hermanas Marta, Blanca, Florentina y su sobrina Leila. Cada una tenía una función: una se dedicaba a la cocina, otra al jardín, una a administrar las cuentas y las maestras, al trabajo intelectual. Esta es una de las razones por las cuales Leticia recién se apropia de la cocina en sus últimos años, cuando se queda sola. Sus vecinas comentan que lo hacía para agasajar y compartir charlas con personajes de la cultura de la ciudad.

El soporte de la escritura

Cuando se habla de las Cossettini se piensa en la escuela y en una corriente pedagógica, pero el hallazgo de este manuscrito evidencia algo de la vida cotidiana de ellas que nunca había sido tratado, comentan las docentes. “Tiene 80 años, sale del aula, está en su casa, empieza a aprender a cocinar y no puede sostener esa práctica si no la hace con el soporte de la escritura, una marca vital de su oficio. Esta libreta tiene que ver con un modo de ser”, expresan.

Este tipo de escritos no se conservan en bibliotecas porque están hechos para la práctica, son desprolijos, están tachados, manchados, revisados, usados, con un estilo de escritura muy particular. Pero, en este caso, para que no se pierda el legado, el texto fue digitalizado y está disponible en la biblioteca del Instituto de investigaciones socio-históricas regionales del Conicet Rosario. “Esta publicación es importante no sólo para poner en valor una faceta de Leticia que no se conocía, sino también su dedicación a perfeccionar ciertas prácticas de la vida cotidiana que tiene que ejercer y que en realidad las alimenta con los saberes que ella tenía”, dice Caldo.

“El gesto de recuperar su dedicación es un modo de visibilizar esos saberes que muchas mujeres tenemos y no sabemos que tenemos. Y si bien es parte de lo doméstico, también sirve para empoderarnos. Muchas mujeres saben cocinar pero no saben que saben, que ahí hay una potencia de cuidado y que en momentos de crisis económica, desde ese saber, mantienen a sus hijos”, resalta.  Por otro lado, como trabajo historiográfico, invita a pensar cómo a partir de una fuente que parece menor como lo es una receta de cocina, se pueden analizar las claves de la cultura doméstica de una época.

 

Paula Caldo es Doctora en Historia y Licenciada en Ciencias de la Educación. Actualmente se desempeña como investigadora adjunta del Conicet y como docente de grado y posgrado de la Facultad de Humanidades y Artes de la UNR. Es autora de “Un cachito de cocinera” y de “Mujeres cocineras”.

Micaela Pellegrini Malpiedi es Licenciada en Ciencias de la Educación por la UNR. Actualmente está realizando su doctorado en la UBA. Se desempeña como becaria doctoral del Conicet y su línea de investigación es la historia de la educación con mujeres en perspectiva de género.